En este proceso de democratización, uno de los avances que venimos registrando es en el campo de la formalización de la economía. Hay progresos que son tangibles y otros de difícil visualización. La línea de continuidad en nuestro crecimiento es verificable con el aumento de nuestra capacidad productiva, de nuestras exportaciones, del ingreso per cápita e incluso de la expansión de la clase media. Este crecimiento, obviamente, tiene puntos de subida y de bajada, según los ciclos de mayor o de menor crecimiento.
Este año, por ejemplo, experimentamos una desaceleración. Y aún así, seguiremos siendo uno de los países con mayor crecimiento en la región. Y es probable que en el 2016 logremos volver a ubicarnos en el primer lugar. Es el desafío. Tarea nada fácil teniendo en cuenta el panorama poco auspicioso en la economía de nuestros dos grandes vecinos, que sabemos tienen incidencia en nuestro país.

Frente a esta perspectiva es que quiero abordar, además de los procesos tangibles, los intangibles. Ordenar la casa generalmente supone esos dos aspectos, que son interdependientes. La formalización de la economía es fundamental para la acción racional en la organización de la propia sociedad, de sus bienes materiales y culturales, y de la aplicación de las leyes en la vida del país.

Con esa visión, no limitaremos la formalización de la economía al simple concepto de la rentabilidad pública, aunque una de sus finalidades sea la de aumentar los ingresos del Estado. Y siempre para ampliar la inversión social y en obras de infraestructura. Ambas direcciones son determinantes para avanzar hacia el desarrollo y contribuir a la sostenibilidad del crecimiento.

La formalización es de interés de la sociedad. Apunta a la seguridad jurídica de los bienes, a la propiedad productiva e intelectual y al mejoramiento de la calidad del consumo. Los impuestos adquieren legitimidad precisamente porque su justificación tiene el propósito de servir al bien común. En los países desarrollados es el pago de los impuestos el que hace al ciudadano demandante de que los actores públicos y sus instituciones estén al servicio del cumplimiento de la ley y de los derechos de las personas.

En el Paraguay hay mucho por hacer todavía en materia de la formalización. En las cuestiones catastrales ni aún en la Región Oriental el Estado y los municipios están al día, y el problema en el Chaco es mayor, situación que facilita las irregularidades en las ventas y posesión legal de las propiedades. Progresar en este contexto, de evaluación no tangible, ayudaría muchísimo a la sostenibilidad de nuestra economía. Y al mejoramiento de los recursos públicos para la inversión social.

En el sector productivo propiamente la trazabilidad y la aplicación de la biotecnología no solo mejorarán la productividad, sino sobre todo la calidad de los productos. Estamos avanzando en ello, pero con hacer más los ingresos nacionales aumentarán en un mundo que requiere de alimentos.

En el ámbito del comercio, la formalización tiene una enorme responsabilidad. Y va desde las legalidades operativas, de apertura y funcionamiento, hasta los controles básicos. El país ganará con la eficiencia en la gestión en esta vasta área económica que, junto a la fiscalización financiera, cimentarán nuestro crecimiento sostenido. Y así estaríamos en condiciones de encaminarnos con rapidez hacia el anhelado desarrollo con inclusión social.

La acción eficiente y coordinada del Gobierno, sin más pérdida de tiempo, será indispensable para que el Paraguay se blinde de los factores externos. Y pueda realmente autogenerar los medios y las potencialidades para la modernización y el progreso general del país. Ahora es el momento de posesionarnos en este rumbo.



Fuente: Ultima Hora