Un ministro renunció para dedicarse a la campaña presidencial, dejando tras de sí a la cartera de Educación sumida en una crisis educativa a raíz de la pandemia, entre otras. El nombramiento de su reemplazo por parte del presidente de la República no satisfizo las expectativas. Considerando la importancia que tiene la educación para el país, se esperaba que designara a un experto en el tema, habiendo tantos en el país, y en cambio fue nombrada una persona sin experiencia profesional en educación. Mario Abdo Benítez no solo nombró a quien se desempeñaba como jefe de Gabinete del MEC sino que además designó a un ingeniero agrónomo, habiendo viceministros conocedores de la problemática educativa. Siete ministros de Educación en el transcurso de nueve años dice mucho sobre la preocupación de políticos y gobernantes sobre este importante tema.


El ingeniero Nicolás Zárate fue viceministro del Ministerio de Agricultura y Ganadería y había sido destituido en 2005 por sospechas de corrupción. Antes se había desempeñado como director de Gabinete del MEC, tras la renuncia del ex ministro Riera, y en la administración de Brunetti ocupaba el cargo de jefe de Gabinete.





Zárate, quien ya juró como nuevo ministro de Educación, aseguró en una entrevista con radio Monumental que nunca fue sumariado, refiriéndose a las acusaciones publicadas sobre su gestión en Agricultura: "Nunca en mi historia del MEC y MAG fui sumariado. Nunca faltó un dólar de todo lo que manejé. No hay ninguna denuncia". Agregó que no va a aceptar la corrupción y que planea continuar con lo que venía ejecutando Brunetti.

Paraguay necesita con suma urgencia llamar a las filas a la mejor inteligencia, talento y formación de que dispone el país, para formular la política pública educativa que nos permita vislumbrar un haz de luz al final del oscuro túnel en el que nos encontramos atrapados.

El Estado no invierte en educación, en promedio son unos USD 630 los que se invierten por cada estudiante. Las promesas electorales de priorizar la educación generalmente quedan en el olvido; mientras nuestro país sigue siendo uno de los que menos invierten, apenas un 3,4% del PIB es para educación.

Otros indicadores también son vergonzosos: 243.000 jóvenes no están estudiando, según datos oficiales del 2021; y 6 de cada 10 centros educacionales están en mal estado, con techos rotos, con termitas invadiendo las instalaciones, por lo cual hay niños paraguayos aprendiendo sus primeras letras debajo de árboles.

El promedio de años de estudio a nivel nacional es de tan solo 9 años, según el Instituto Nacional de Estadísticas; ese dato es de 10,7 en áreas urbanas y apenas 7,7 en zonas rurales. En cuanto al analfabetismo, en Paraguay es del 5,5% en la población nacional; pero se sabe que el 47% de los jóvenes no acuden a instituciones educativas por razones económicas.

El ministro Zárate opinó recientemente y nos dio, como se dice, una de cal y una de arena, por un lado fue clara su posición respecto a la denuncia surgida en un colegio capitalino sobre un caso de discriminación por orientación sexual, al apoyar la protesta de los jóvenes, pero, en la misma entrevista, tropezó con el tema de la reivindicación de la dictadura y se aplazó.

"La historia debe ser objetiva con respecto a Alfredo Stroessner”, afirmó el nuevo ministro de Educación, borrando con esa opinión la unánime condena a un dictador responsable de muertes, desaparecidos, torturados, abuso a menores, tierras repartidas entre sus amigos. Es inadmisible que un ministro de Educación justifique a quien destruyó el tejido moral y los valores democráticos.

Zárate es el séptimo ministro en solo nueve años, estos cambios son un obstáculo para implementar políticas públicas educativas a lo largo del tiempo; también el Ministerio de Educación debe dejar de ser un trampolín político. Necesitamos funcionarios de Estado que dediquen todo su esfuerzo, inteligencia y compromiso para que el país pueda dar a todos sus ciudadanos calidad de vida.